viernes, 17 de diciembre de 2010


Las hijras, el tercer sexo en la India

Hijras el tercer sexo
En mi visita a la India, tuve la oportunidad de ver en determinados mercados a un grupo de personas, que si bien se vestían como mujeres, sus facciones, osamenta y musculatura los delataba como hombres. También pude apreciar que se reían entre ellos y algunas personas los trataban con toda normalidad pero otras los miraban raro. Como en los mercados a menudo hay personas que no saben ingles y otros no entienden el acento de occidente, y además por pena, no pregunte quienes eran aquellas personas.
Tiempo después me entere que a estas personas se los define como los miembros del tercer sexo, y los llaman hijras. Los hindúes ven a estas personas como un sexo intermedio entre masculino y femenino. Los occidentales diríamos que algunas de estas personas son intersexuales, otros son transexuales masculinos y una minoría son mujeres. De todas formas la mayoría de los hijras se refieren a sí mismas en femenino y suelen vestir como mujeres. Los occidentales a menudo se han referido a estas personas como eunucos, pero lo cierto es que solo algunos de ellos se han sometido a algún tipo de modificación genital. Al parecer en la antigüedad era más común, que se sometieran a la castración.
Como en la religión hindú no existe una definición clara de los sexos, y los dioses a veces son diosas, o viceversa y en general los dioses presentan rasgos de uno y de otro sexo, esto ha facilitado la aceptación de la existencia de un "tercer sexo". Y de hecho la historia de los hijras tiene en la religión hindu, un origen divino, que se remonta a hace mas de 20 mil años, cuando el Dios hindú Krishna al escuchar a Aravan, un soldado que se lamentaba de morir soltero, se transformó en Mohini, una bellísima doncella y le hizo “el favor” de no dejarlo morir soltero y virgen. Al día siguiente Aravan murió, y Krishna lloró por él como una viuda. Por esta razón los hijras, también llamados “aravanis” siguen la tradición de ir cada año al sur de la India a Koovagam, en Tamil Nadu para celebrar sus bodas con el Dios y de esta forma reafirman su identidad. Para esta ocasión los hijras se visten de novia, pero como en la tradición el Dios-soldado Aravan muere, los hijras se convierten en viudas y cortan sus pulseras y adornos festivos.

Durante el siglo XVI los hijras ocupaban los mas variados empleos y posiciones, desde niñeras o custodios del harem real, hasta puestos de alto rango, como el de consejero de estado del emperador mongol. En esa época los hijras llegaban a poseer tierras, palacios y sirvientes a su disposición e inspiraban fe y respeto.
Con la ocupación británica de la India se promulgaron leyes que castigaban la homosexualidad que han marginado a esta población, que se ha visto obligada a vivir de la mendicidad y la prostitución. Más recientemente la persecución a los hijras a disminuido. Sin embargo la discriminación no ha desaparecido del todo y muchos siguen condenando a este grupo minoritario.
Algunos hijras se castran voluntariamente; antes lo hacían con cuchillo y sin anestesia lo cual provocaba la muerte de uno de cada 10. A pesar de que desde 1860 la ley en la India prohíbe la castración, todavía es común que se practique en algunas clínicas. En ocasiones son los padres o tutores los que castran a los niños sin su consentimiento o en contra de su voluntad.
Después de ser castrado, el hijra cumple con antiguo ritual que consiste en vaciar leche en un arroyo como símbolo de la pérdida de su fertilidad. Los hindúes creen que los hijras, al renunciar a tener hijos, tienen poderes para bendecir o maldecir y es por ello que al nacer un niño, los hijras acuden a festejar el nacimiento con cantos, bendiciones y augurios de larga vida y prosperidad, así como para librarlo del mal de ojo. A cambio reciben arroz, azúcar y dinero. Si los hijras consideran que han recibido poco, el niño puede recibir maldiciones, como por ejemplo, la impotencia. Los hijras también trabajan como cobradores de deudas, cuando alguien tiene un deudor que se reusa a pagar, acude a los hijras y estos se aseguran de cobrar lo que se debe. Muchos comerciantes tienen miedo del escándalo que puedan hacer los hijras y de sus maldiciones y prefieren pagar.
La mayoría de los hijras renuncian a llevar una vida sexual activa. Los que se dedican a la prostitución, lo consideran como un trabajo, no como una actividad sexual.
Algunos jóvenes se convierten en hijras por considerar que "han quedado inservibles" después de realizar un rol pasivo en relaciones homosexuales, en ocasiones porque han sido violados.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Recientemente la corte suprema de la India acaba de aceptar a las hijras o personas transgenero como un tercer sexo, legalmente en la India.